Toy Story 5: La crisis existencial de una generación que ya paga impuestos

por: Anlli Ramírez.

Hay quienes comienzan la semana revisando pendientes, respondiendo correos o sobreviviendo a juntas que pudieron ser un email, yo encontré una opción mucho más saludable: salir de la oficina un lunes, apagar el cerebro un rato y refugiarme en EPIC Cinemas; porque pocas cosas mejoran un lunes como una buena película y la maravillosa sensación de que, durante un par de horas, los problemas del trabajo pueden esperar. Y si además la película es Toy Story 5, mejor todavía.

Cuando se estrenó Toy Story yo tenía 16 años, Woody todavía no tenía tantas crisis existenciales, Buzz seguía convencido de que era un guardián espacial y yo pensaba que a los 46 ya tendría mi vida perfectamente resuelta.

Spoiler: ninguno de los tres cumplimos nuestras expectativas.

Treinta años después, aquí estoy, sentada en mi butaca favorita de EPIC Cinemas con una Crispy Chicken Burger de ‘unaburger’ en una mano, Palomitas Mix Cheddar en la otra y preguntándome por qué estos juguetes siguen haciéndome llorar más que algunas personas reales.

Pixar vuelve a demostrar que tiene una habilidad casi sospechosa para hacer que una película sobre juguetes termine hablándote de la vida, pero esta vez, la historia gira principalmente alrededor de Jessie, quien asume un papel mucho más importante dentro de la trama, mientras Woody y Buzz funcionan como esos amigos de toda la vida que aparecen justo cuando más los necesitas.

Esta entrega pone sobre la mesa un tema muy actual: ¿qué pasa cuando los juguetes tradicionales tienen que competir contra celulares, tablets y cualquier pantalla capaz de captar la atención de un niño en menos de tres segundos? Lo interesante es que Pixar evita caer en el discurso fácil de «antes todo era mejor», en lugar de eso, construye una historia inteligente, divertida y emotiva sobre cómo cambian los tiempos, las generaciones y las formas de jugar.

La buena noticia es que Toy Story 5 entiende perfectamente quiénes somos los que crecimos con la saga, la mejor noticia es que también sabe hablarle a quienes apenas están conociendo a Woody, Buzz y Jessie. No vive únicamente de la nostalgia; la utiliza como un ingrediente más dentro de una historia que tiene algo nuevo qué decir.

Visualmente, Pixar sigue demostrando por qué sigue siendo Pixar, cuesta creer que el mismo estudio que revolucionó la animación en 1995 con una lámpara saltarina y un vaquero de juguete hoy sea capaz de crear imágenes tan detalladas que por momentos dan ganas de acariciar a Tiro al Blanco para comprobar que realmente no existe. La animación es impecable, los escenarios están llenos de detalles y cada expresión transmite emociones con una naturalidad que sigue marcando diferencia dentro de la industria.

Otro de los grandes aciertos es el doblaje latino. Arturo Mercado Jr. regresa como Woody, José Luis Orozco vuelve a dar voz a Buzz Lightyear, Irán Castillo interpreta a Jessie y Belinda se suma como Lilypad, uno de los nuevos personajes que juega un papel importante dentro de la historia. El resultado mantiene intacta esa familiaridad que muchos recordamos desde nuestra infancia.

Lo que más me gustó es que la película entiende perfectamente por qué seguimos regresando a este universo después de cinco entregas, porque si algo ha hecho grande a Toy Story es que nunca ha tratado realmente sobre juguetes, siempre ha tratado sobre nosotros, sobre crecer, cambiar, aprender a despedirse y aceptar que el tiempo pasa para todos, incluso para un vaquero de trapo y un astronauta de plástico.

Toy Story 5 no intenta superar el legado de las películas anteriores, hace algo mucho más inteligente: lo respeta, lo honra y construye una nueva aventura para quienes han estado aquí desde el principio y para quienes apenas comienzan el viaje.

Y recuerden: crecer es inevitable, pero dejar de jugar sigue siendo opcional.

Epic Cinemas… El sabor del Cine.