Spider-Man: Brand New Day | El regreso del héroe más humano de Marvel
por: Anlli Ramírez
Hay una edad en la que uno deja de preguntarse quién mató a Gwen Stacy y empieza a preguntarse por qué duele tanto la rodilla; yo ya llegué ahí. Tengo 46 años, pago impuestos, comparo precios del detergente y aún así sigo emocionándome cuando aparece el logo de Marvel y suena Michael Giacchino.
Porque crecí viendo a este personaje convertirse en mucho más que un superhéroe, bailando de forma vergonzosa con Tobey Maguire, sufriendo cuando Andrew Garfield demostró que una espalda también puede cargar con un trauma de por vida y encariñándome con el Peter Parker de Tom Holland, que empezó siendo «el becario de Iron Man» para convertirse, por fin, en el Peter Parker que llevaba tres películas buscando ser.
Después del trancazo emocional que fue No Way Home, la pregunta era inevitable: ¿qué demonios haces con un Peter Parker al que literalmente el mundo olvidó? Pues aquí estoy, a punto de descubrirlo, acomodándome en mi butaca favorita de Epic Cinemas, con mi mantita calientita y un riquísimo Hot Dog Carretero de Unaburger by Lázaro & Diego para ambientarme en NY.
La respuesta de Destin Daniel Cretton no es intentar repetir la nostalgia ni vivir de los cameos, él hace algo mucho más difícil: entiende que Spider-Man no necesita ser el héroe más grande del universo para contar una gran historia.
En lugar de intentar competir con el caos multiversal de No Way Home, deja descansar el espectáculo y vuelve a poner el reflector donde siempre debió estar: Peter Parker. La cámara permanece con él cuando duele, cuando duda y cuando simplemente intenta sobrevivir a una vida que parece empeñada en golpearlo.
Y esa, para mí, es la mejor decisión de toda la película.
Aquí vemos a un Peter roto, solo, obligado a empezar desde cero. Y es que Tom Holland entrega, para mí, la interpretación más madura que ha hecho desde que se puso el traje, ya no necesita demostrar que puede ser el chico simpático, ahora carga la película con silencios, miradas y un cansancio que cualquiera que haya sobrevivido a los cuarenta reconoce perfectamente. Yo, por ejemplo, me identifiqué más con Peter cuando lo vi agotado que cuando se balancea entre edificios.
La película también entiende algo que muchos blockbusters han olvidado: las mejores escenas de acción funcionan porque antes te importó la persona que está debajo de la máscara y afortunadamente, Brand New Day hace algo que ya extrañaba: recuerda que Spider-Man funciona mejor cuando la historia gira alrededor de Peter Parker y no alrededor del calendario de estrenos del MCU.
Zendaya vuelve a demostrar que tiene una presencia enorme incluso cuando la historia juega a mantenerla lejos de Peter, Jacob Batalon sigue siendo ese amigo que todos necesitamos para no terminar llorando en una esquina, Jon Bernthal entra como si hubiera confundido el set de filmación con una guerra (y funciona increíble) y Sadie Sink confirma que Hollywood ya entendió algo que nosotros sabíamos desde Stranger Things: esa mujer puede transmitir más con una mirada que muchos actores con diez páginas de diálogo.
Agradezco otra decisión: la película deja descansar, por fin, el multiverso para contar una historia mucho más íntima. No necesita abrir veinte portales cada cinco minutos para recordarte que Spider-Man siempre ha sido un héroe de barrio y Nueva York vuelve a sentirse como su verdadero hogar.
Visualmente hay momentos preciosos como las secuencias con Spider-Man balanceándose entre los edificios vuelven a sentirse ligeras, dinámicas y hasta elegantes. Hay planos donde inevitablemente pensé en las composiciones de Sam Raimi, mientras que otras escenas recuerdan por qué las películas animadas de Spider-Verse cambiaron para siempre la manera de filmar a este personaje.
Y no sé si soy la única que piensa que cada vez que Spider-Man vuelve al cine, también vuelve un poquito Stan Lee, no sólo porque su nombre sigue apareciendo en los créditos junto al de Steve Ditko, sino porque la esencia del personaje que imaginaron sigue intacta: un héroe imperfecto, torpe, vulnerable, que llega tarde, mete la pata y aun así decide hacer lo correcto. Ese fue siempre el verdadero superpoder de Peter Parker.
Porque hay películas que entretienen y luego está Spider-Man, que lleva más de sesenta años recordándonos que, incluso cuando la vida decide hacerte un borrón y cuenta nueva, todavía puedes elegir quién quieres ser.
Gracias, Stan Lee, no sólo creaste un superhéroe, creaste un personaje que nos acompañó cuando éramos niños, que siguió ahí cuando nos convertimos en adultos y que, a los 46 años, todavía consigue que una sala de cine vuelva a sentirse como el mejor lugar del mundo.
Y eso… muy pocos personajes pueden presumirlo.
PD: Sí, hay escena post créditos. Si ya sobrevivieron dos horas de película, aguanten otros ocho minutos, no desperdicien tantos años de entrenamiento marvelita.
Epic Cinemas… El sabor del Cine.