A complete Unknown: la voz de una generación
por: Anlli Ramírez
¿Acaso soy la única a la que Enero se le ha hecho eterno? Entre nuevos proyectos, pagos de adulta independiente y días gélidos, me doy la oportunidad de regresar a my happy place, mi lugar de desconecte, mi butaca favorita: Epic Cinemas.
Como uno de mis propósitos de año nuevo fue abrirme a nuevos gustos, aprender a planear y disfrutar de tiempo a solas, hoy cumplí con todo y desde temprano elegí película, butaca y fui ordenando mi cena: una rica Ensalada Parisienne y una Crepa Basquaise.
He de ser sincera, “A complete unknown” no es una película que hubiera elegido como primer opción, pero saber que podría conocer un poco del enigmático Bob Dylan me hizo querer tener una cita con él y mis palomitas acarameladas.
Nunca he sido fan de Timothée Chalamet, pero su tan bien imitada indiferencia de Dylan me ha hecho odiarlo (en buen sentido) y ver en detalle su actuación, donde cero caricaturiza a su personaje, sino que le da una tonalidad natural y que sorprende cantando en su totalidad todas las canciones que escuchamos.
De Edward Norton, mi inolvidable Derek Vinyard de American History X, sólo puedo aplaudirle una de las actuaciones más cálidas de su carrera, reafirmando su lugar en el cine contemporáneo como un actor capaz de reinventarse y sorprender como el sabio mentor de Dylan que, además de ser su guía, le permitió que tomara sus propias decisiones, aunque fuera un camino distinto al de él.
Basada en el libro Dylan Goes Electric!, más que una película parece una puerta a la mente del cantante y cómo comenzaría a revolucionar la música norteamericana en los años 60s, a la par que debe aprender a lidiar con todo lo que conlleva convertirse en una celebridad.
Y tras más de dos horas de película, un tiempo conmigo misma y música folk con letras inspiradoras, me voy a casa pensando en lo que Bob nos dice: “Son tiempos difíciles, vayan a buscar a quién amar”.